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Para cuidar un labrador; consejos y consideraciones de
una criadora experta
Marcela Loera Eternod
Controla
la vivacidad del cachorro. El labrador es un perro muy
inteligente y muchas veces llega a ser superior jerárquicamente
que su dueño. Esto se puede prevenir y corregir fácilmente,
dedícale tiempo de calidad, demuéstrale tu jerarquía
y lo importante que es él para ti al alimentarlo y prodigarle
cuidados.
Dale una alimentación adecuada. Necesita croquetas
para cachorro de talla grande. Si el alimento es bueno tu perro
crecerá lentamente, con un desarrollo adecuado tanto física
como intelectualmente. Si le das una alimentación deficiente,
con sobras de comida, no crecerá lo debido, y si tiene un
crecimiento excesivo antes de tiempo puede tener problemas en las
articulaciones de los huesos y sufrir padecimientos como la displasia.
Juega con él. El labrador tiene un temperamento
estable, siempre dispuesto a agradar a su dueño, pero si
jamás juegas con él, tanto en su mundo como en el
tuyo, no esperes mucho de su parte. Lo característico de
la raza es cobrar. Antes el cazador tiraba una codorniz o un faisán
y el labrador la rescataba sin lastimarla porque tiene una
mandíbula suave. Puedes lanzarle una pelota y acostúmbralo
a que te la entregue sin arrancársela del hocico.
La palabra de aliento es su mejor recompensa. Muchas personas
utilizan comida o juguetes para premiar las buenas acciones de sus
perros. Sin embargo si no hay comida o se perdió el juguete
estamos en graves problemas. Un ¡muy bien! es suficiente
para estimular a tu labrador. Si siempre le dices muy bien,
en vez del acostumbrado no a todo, cuando necesites prohibirle
algo pondrá más atención: muy bien, muy
bien y de pronto ¡esto no!, él pensará:
¡oh, oh, eso no!
Aprende a interpretar sus comportamientos. Este perro es
muy fiel, siempre está pendiente de dónde y cómo
estamos, además tiene un excelente oído y a diferencia
de otras razas puede presentir por el olfato cuándo una persona
está enferma; si por ejemplo, antes jugaba brusco con ella,
dejará de hacerlo. Si tu labrador se comportaba bien
y de pronto da una demostración de ¡háganme
caso!, puede ser que no haya nada mal en él, sino que
algo dentro de tu casa esté mal.
El labrador es totalmente de agua. Si lo quieres
hacer feliz llévalo de día de campo. Primero inspeccionará
el lugar, debe ser tenaz, más que otras razas, y en cuanto
encuentre el riachuelo tratará de nadar. Si está en
casa y empieza a llover seguro saldrá a mojarse más
de una vez.
Una recomendación importante: no lo bañes antes de
que termine su periodo de vacunación, porque si no lo bañas
bien puede empezar a tener miedo al agua y matarás su función
zootécnica. Es suficiente si lo limpias con un trapo humedecido
en agua tibia. Cuando sea mayor, si vive en casa y no se ensucia
demasiado báñalo cada dos o tres meses. Si va a nadar
con enjuagarlo con una manguera es suficiente, no necesita champú;
mientras más lo cepilles tendrá un mejor pelo. Al
labrador no se recomienda bañarlo tan seguido como
a otras razas porque en cada baño quitamos parte del bajo
pelo.
Se adaptan a cualquier clima. Resiste desde temperaturas
bajo cero hasta el calor extremo gracias a su bajo pelo, aunque
es más de frío. Si vives en un lugar donde hace mucho
calor, debe tener un lugar donde resguardarse y una tina o pileta
con agua donde pueda refrescarse. Es preferible que sea labrador
amarillo si vive en lugares calurosos porque el negro atrae el calor
y el chocolate se decolora con el sol y pierde un poco su belleza.
No todos los labradores sirven para lazarillos. Cada
individuo tiene un temperamento particular. Los labradores
que sirven para perros guía son aquellos que no son miedosos,
pero son completamente controlados. Hay labradores con el
carácter tan alegre y vivaz, tan poco controlables en algunos
aspectos que pueden servir de ayuda en la detección de narcóticos,
búsqueda y rescate o en rastreo. Los que están en
un hospital o con ancianos tienen que ser muy estables y tranquilos.
Puede haber alguno que sirva para todo, pero no es lo usual, cada
uno tiene su temperamento y requiere de un entrenamiento especial
para cada función de apoyo al hombre.
No sólo son diferentes en color. Mucha gente piensa
que únicamente cambia el color del perro, sin embargo, al
dedicarme a la crianza del labrador he notado que el negro
es el de temperamento más fuerte, es más vigoroso
y más líder. Debe influir el trato que se les ha dado
por generaciones, si vemos un perro amarillo y uno negro, nos impacta
más el segundo. El amarillo, por su parte, es más
tranquilo y el chocolate es el hiperactivo, necesita tener un contacto
más cercano con su dueño. Claro existen sus excepciones
en todos los casos.
No se recomienda cruzar un chocolate con amarillo porque ambos
son genes recesivos y puede resultar una mala cruza. Si tienes una
hembra chocolate con tendencia agresiva, debes cruzarla con un macho
negro más tranquilo y estable para mejorar la raza.
También varía la textura del pelo según el
color: la del labrador negro es áspera, la del amarillo
es suave al tacto y la del chocolate intermedia.
Las hembras son estupendas madres. Son de las mejores madres
en el mundo canino, casi no se despegan de sus cachorros y aunque
sean primerizas saben todo lo que tienen que hacer. Con muchas razas
no nos podemos acercar cuando una hembra está pariendo, en
el caso del labrador sí, aceptan bien al humano, le
permiten ver sus cachorros y tocarlos claro, con sus excepciones.
Son emocionalmente estables, no deben ser agresivos. El
instinto de agresividad en el labrador está casi extinto.
Frente una actitud sospechosa de una persona, ante la cual un perro
de otra raza se pondría alerta, el labrador huye, pero si
está de por medio la vida de la familia se enfrenta al agresor.
Marcela Loera es amante de los perros, entrenadora profesional
y criadora de labradores y terranovas.
http://www.perrosdemexico.com.mx/loera.labs

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Labrador retriever: la raza por excelencia
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