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El
carácter del bulldog
Lic. Joaquín de la Rosa M.
Una aportación del Boletín Oficial del Club de Bulldog
de la Ciudad de México
PARTICULARIDADES DEL BULLDOG
Al igual que su aspecto el carácter del bulldog es
único. No existe persona que haya poseído un perro
de esta raza que pueda contradecir esta afirmación.
Deben deshacerse diversos prejuicios. En primer lugar la ferocidad
que la expresión severa parece conferirle. Ésta no
es verdad: el bulldog, casi es un contraste inverosímil
por lo que aparenta, tiene un carácter tranquilo y delicado.
Es casi imposible que un bulldog muerda o ataque a personas
o a otros animales sin haber sido provocado seriamente. Ello no
significa que, como creen algunos, sea un tranquilo dispuesto a
soportar cualquier injuria sin oponer resistencia alguna. También
este es un prejuicio equivocado. El bulldog tiene un temperamento
fiero y peleón, fruto de la selección que durante
siglos ha buscado perros de valor indomable y agresividad sin límites,
capaces de enfrentarse a adversarios más fuertes y peligrosos
que él, con un espíritu de sacrificio tal que les
permite continuar luchando aún cuando estén heridos
mortalmente o atrozmente mutilados.
Aunque hasta hace pocos años la raza se colocaba en la categoría
de combate, el bulldog de hoy es muy distinto a un perro
de combate. La seguridad que presenta en sus propios medios de defensa
le permite no temer de forma neurótica a ningún adversario.
Si estás dando un paseo con tu bulldog y se le acerca
otro perro, tu amigo acogerá al recién llegado con
curiosidad. Lo verás poner rígidas las extremidades,
echar las orejas hacia atrás, arrugar el cuello fieramente
y mover la cola alegremente. Si el otro perro se comporta amigablemente,
el tuyo comenzará a jugar corriendo y saltando junto a su
nuevo compañero; si, por el contrario, la reacción
del otro es indiferente y de ligera hostilidad, especialmente si
el otro perro es de dimensiones reducidas, el bulldog, un
poco desilusionado, ignorará al intruso, aunque aquél
le dirija ladridos provocativos o gruñidos encolerizados.
Con frecuencia todo queda ahí. Los otros perros se dan cuenta
pronto de que no tienen mucho que hacer con él y, sobre todo,
que es mejor no pasarse; por ello, cumplidos los rituales, con el
pelo de punta, se alejarán mientras el bulldog continúa
olfateando el territorio tranquilamente.
Sin embargo, se debe poner atención de no infravalorar estas
situaciones; podría darse el caso de que, un día,
el perro se acerque y no se retire a la primera interpelación
y, dado que el bulldog no reaccionará a su mal humor,
creyendo habérselas con un cobarde, se atreverá acercarse
para conseguir la provocación de más amenazante. Si
el dueño del otro perro está cerca haga que lo pare
rápidamente porque si se atreve a atacar a tu bulldog,
independientemente de sus dimensiones, difícilmente no llegará
a necesitar los cuidados de un veterinario.
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