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PERROS/ETOLOGIA COMPORTAMIENTO DEL PERRO

ETOLOGIA Comportamiento del perro

(Segunda y última parte)

En muchas civilizaciones antiguas los perros asumieron un significado místico y religioso. En el antiguo Egipto los perros fueron altamente venerados, y a algunos se les consideró sagrados. Una de las estrellas más brillantes del cielo lleva el nombre de sirio, que es la estrella del perro localizada en la constelación Canis mayor. Para los egipcios la primera aparición de Sirio sobre el horizonte anunciaba el desbordamiento del río Nilo, de lo cual dependía la prosperidad de las cosechas y por lo tanto la supervivencia de la población. Sirio simbolizaba la prosperidad.

En esta misma época y en toda la región de Egipto, Anubis era considerado una deidad que jugaba un papel muy importante en los funerales como el Dios con cabeza de chacal, siendo la deidad de las tumbas y del embalsamamiento. Posteriormente se construyó Cynopolis, la ciudad del perro en honor a Anubis.

El culto al perro se diseminó desde Egipto hacia otras tierras. En la mitología griega Hades, la morada de la muerte, era resguardada por un perro gigante similar a los mastines actuales pero con tres cabezas. Los romanos también ofrecían culto a Anubis y a Procyon, la estrella menor de la constelación Canis menor.

En el primer siglo de nuestra era aparece un escrito de una autoridad romana en agricultura que contiene consejos para la cruza de los perros, en el cual se menciona que un perro grande, de color negro, voluminoso, con un ladrido fuerte y sonoro es más útil como guardián en la granja que un perro blanco, no tan voluminoso no con características tan dominantes, el cual puede utilizarse con mejor desempeño como perro pastor.

Los perros en la Roma antigua fueron totalmente domesticados y, aunque las razas que existían no eran tan diversas como las que conocemos actualmente, los romanos hicieron la primera clasificación zootécnica dividiendo a las razas en seis grupos e identificando a los perros más como animales de trabajo, que como perros de compañía. Estos seis grupos fueron los siguientes:

  1. Perros guardianes de la casa —Villaticci.
  2. Perros de pastoreo -Pastorales pecuari.
  3. Perros para el deporte -Venatici.
  4. Perro bélicos o de guerra —Pugnances o Belicosi.
  5. Perros que van tras la pista —Nares sagaces.
  6. Perros que corren tras la presa —Pedibus céleres.

Los perros mexicanos no sabían ladrar y eran tan diferentes a los perros europeos que hubo varios historiadores, entre ellos el cronista real de Felipe II, Antonio de Herrera, que afirmaban que el perro no existió en México antes de la conquista. Este magno error no fue exclusivo de los historiadores y cronistas, ya que la idea persistió hasta mediados de este siglo.

Los perros lampiños no son exclusivos de México, ya que también existieron en América del sur, en Cuba y en las Antillas, donde Cristobal Colón los vió llegar a la Isla de Santa Cruz.

Por otra parte, los perros lampiños aún existen en Paraguay y reciben el nombre de Yagua, en Perú donde se conoce como Alco y en Argentina donde se le llama Pila. En Africa, particularmente en el Congo y en Etiopía, existen perros sin pelo llamados perro de arena africano. De igual forma existe el crestado chino que, como su nombre lo indica, proviene de China y se diferencía del xoloitzcuintle por el mechón de pelo que presenta en la cabeza.

Muchas razas de perros tienen un árbol genealógico muy antiguo, como es el caso de los pequineses, que habitaron en monasterios de la dinastía Tang.

La presencia de perros en las religiones y ceremonias místicas pone de manifiesto el apego que se estableció entre el hombre y el perro. En muchas teorías se establece que esta relación se debe a cuestiones religiosas y a las raíces neolíticas de nuestros antepasados, en donde el hombre y el perro convivían estrechamente. La razón por la cual surge la domesticación de estos animales posiblemente sea de tipo utilitario, en donde el perro siempre se encontraba detrás del hombre en sus cacerías esperando un poco de carroña.

A cambio de esto, el perro comenzó a indicarle al cazador el lugar donde se encontraban sus presas y a ayudarle en sus cacerías a través de su feroz ataque. Más tarde, los perros se encontraban en las cuevas habitando con el hombre y dando aviso a la presencia de extraños, de tribus enemigas o de algún animal peligroso. Posteriormente los perros comenzaron a procrear cachorros que fueron adoptados por el hombre y, es muy probable que por esta relación simbiótica, se domesticó el primer animal en la historia del hombre.

 

       
 


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