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SOLO DE ALIMENTO VIVE MI MASCOTA |

No sólo de alimento vive mi mascota; también
mi cariño cuenta
Ricardo Montes de Oca
Hoy, como todos los días desde hace un año, me levanté
a las 7:00 de la mañana a buscar la comida de mi mascota,
"Sasha", y fui a servírsela en su plato. La cantidad
justa para que conserve su fuerza, agilidad y belleza naturales,
aunque no demasiada, porque no quiero verla pasada de peso, sin
la agilidad propia de su raza.
No sólo eso: todos los días me acompaña al
atardecer, durante media hora, a trotar a lo largo de los 5 km que
recorro a diario en mi intento por disimular el paso del tiempo
por mi cuerpo. Espero que también le ayude a ella a mantenerse
en forma y, sobre todo, a estar contenta, al menos durante esa media
hora de esfuerzo compartido conmigo.
Pero es más que alimento y compañía lo que
ella necesita de mí para vivir realmente feliz. Sasha, como
la mayoría de las mascotas, es una verdadera antena que capta
todas mis emociones, y las de mi familia, de las que se alimenta
todos los días y que pueden hacerla la mascota más
alegre o la más desdichada. No es únicamente lo que
podemos transmitirle a través de la voz o, incluso, los ademanes
que le dirigimos; nuestra mascota percibe toda una gama de comportamientos
y actitudes, las que le transmitimos con nuestra postura, nuestra
expresión, el tono de voz que utilizamos al llamarla o, incluso,
nuestro estado de ánimo.
Y no es sólo cuando trato directamente con ella; una mascota
percibe con toda nitidez el ambiente de una casa: si lo que prevalece
son las disputas entre sus miembros, la angustia no importa
qué la origine o la tristeza, ella lo notará
de inmediato y reaccionará, con actitudes que pueden ir desde
cambios de conducta, como agresividad, flojera o afán destructivo
excesivos, hasta alteraciones de origen nervioso, como irritación
de la piel y las orejas o algunas afecciones de los riñones,
sobre todo si tiene alguna predisposición hacia este tipo
de enfermedades: una mascota de piel sensible se rascará
con mayor frecuencia, otra con riñones débiles orinará
más de lo normal; estas reacciones irritarán aún
más los tejidos, lo que iniciará un círculo
vicioso que puede prolongar la enfermedad más de lo necesario.
Cuando nuestra mascota se enferma estamos obligados no sólo
a ser buenos enfermeros, sino psicólogos expertos, ya que
la actitud que tomemos frente a ella repercutirá de manera
directa en la rapidez con la que se recupere. Al igual que el nuestro,
el sistema inmune de nuestra mascota depende de manera directa de
su estado de ánimo, y éste tiene una relación
directa con el de las personas que la rodean. No es raro que quien
está a cargo de cuidar a la mascota enferma esté aún
más deprimido que ella misma, esperando el peor desenlace;
esto no hace mas que agravar su condición y dificultar su
restablecimiento, ya que ella misma pierde la confianza en su poder
de recuperación.
Esta inconsistencia puede manifestarse también en nuestra
falta de constancia para seguir un tratamiento: si no vemos resultados
inmediatos, buscamos un nuevo veterinario con la esperanza de que
le prescriba una medicina milagrosa que la restablecerá en
un par de días, sin percatarnos de que no estamos dejando
actuar a ninguno de los que le recetaron previamente.
Finalmente podemos hablar del paralelismo entre los síntomas
de la mascota y su dueño, algo que difícilmente puede
ser explicado a satisfacción por los veterinarios actualmente.
Es posible que un mismo agente patógeno los esté atacando
al mismo tiempo, sin embargo en muchos casos es más probable
que se deba a una resonancia emocional entre ambos, un lazo mucho
más fuerte que la comida con que alimentamos a nuestra mascota
todas las mañanas.
Mi consejo es que intentes transmitir únicamente sentimientos
positivos a tu mascota; cuando te encuentres deprimido, angustiado
o presionado evita en lo posible acercártele, lo mismo que
harías con cualquier miembro de tu familia no sólo
para evitar un conflicto, sino para no transmitirle una emoción
que también podría afectarlo a él.
En cuanto a los tratamientos médicos, intenta seguirlos
durante el tiempo recomendado por tu veterinario, a fin de que cumplan
con su función y tengan oportunidad de ayudar a tu mascota
en su recuperación; y conserva la fe en el poder de recuperación
que la naturaleza le ha conferido a tu amigo, que en muchas ocasiones
es más poderoso de lo que podemos imaginar.
Pero sobre todo no te angusties por los malos sentimientos que
podrías haberle transmitido a tu mascota antes de hoy; seguramente
no era tu intención y pensar en ello sólo podrá
angustiarte más y transmitirle nuevamente malos sentimientos.
Es mejor que mires hacia delante y pienses en todo el tiempo que
tienes para disfrutar con ella la vida que a ambos les espera.
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