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PERRO, ¿ES MI AMO? |
Mi perro, ¿es mi amo?
MVZ. Alberto Tejeda.
Puede resultar difícil de aceptar el hecho
de que mi querido Sombra, esté dominando el escenario
de la casa, lo cual puede causar o no problemas entre los miembros
de una familia, dependiendo del grado de tolerancia hacia las actitudes
del perro, sin embargo en algunas circunstancias sí se pueden
generar problemas graves, como la agresión a los miembros
de la familia y en particular a los miembros jóvenes.
A este hecho se le conoce como agresión
por dominancia y puede estar dirigida hacia otros perros en el hogar,
pero lo más importante es que también se puede dirigir
hacia los propietarios. ¿Por qué sucede esto? Los perros
establecen jerarquías de dominancia, como sus parientes los
lobos. Gracias a la interacción de individuos dominantes,
seguros de sí mismos -alfa que intentarán a
toda costa mantenerse en ese lugar o llegar él-, con individuos
con distintos grados de seguridad y en algunos casos con características
importantes de sumisión omega- se da la integración
de todos ellos en un grupo social. A los lobos, esta manera de relacionarse
les ha brindado los beneficios de cazar presas mayores que ellos,
además de poder criar a sus cachorros de manera compartida
y por lo tanto aumentar sus posibilidades de supervivencia, entre
otros beneficios.
Es importante considerar que tanto los lobos como
los perros, son seres que tienen características de personalidad
individuales, que los hace ser diferentes entre sí. En función
de esta personalidad, es como se constituyen en individuos dominantes
y subordinados que al relacionarse forman un grupo o manada.
¿Por qué es importante considerar esta
relación, al referirnos a una familia humana? Pues porque
un perro se relaciona de una manera muy similar con los humanos,
es decir la relación humano-perro, guarda similitudes con
la forma en que los lobos se relacionan entre sí y a su vez
con la forma en la que lo hacen los perros. Un perro pertenece a
la manada de los Gómez o de los Martínez, es parte
de un grupo social y por lo tanto debe marcar su lugar en la misma,
incluso cuando vive con una sola persona.
Un perro con la tendencia a ser dominante irá
estableciéndose en este lugar de manera gradual a partir
de pequeñas señales, en ocasiones tan sutiles como
quién entra primero a la casa o quién es el dueño
del sillón favorito. Cuando se da cuenta el propietario puede
ser tarde y dependiendo de la raza y de la propia dinámica
de la familia esto puede tornarse en un problema. Es importante
recordar que en cualquiera de los casos, para el mantenimiento de
una sana relación familiar, los perros siempre deben ocupar
los lugares más bajos de la jerarquía, los cuales
incluso pueden ser disputados con los miembros más jóvenes
o que demuestren menor autoridad, quienes tienen la posibilidad
de constituirse en el blanco de agresiones.
Existen soluciones terapéuticas para situaciones
de este tipo, que no siempre están relacionadas con el entrenamiento.
Hay casos que sólo un profesional en conducta podrá
abordar.
MVZ. Alberto Tejeda Perea
Profesor de Etología en la carrera de Medicina Veterinaria
y Zootecnia.
Departamento de Etología y Fauna Silvestre. FMVZ.UNAM
Maestría en producción animal. Autor de artículos
sobre estrés y enriquecimiento ambiental en aves de corral,
y artículos y asesor en tesis sobre problemas de conducta
e interacción humano-animal en pequeñas especies.
e-mail:<atp@servidor.unam.mx
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