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| PERROS/CRONICAS
PERRUNAS/PERROS EN LA INQUISICION |
Los perros en los documentos inquisitoriales
Salvador Ávila
Ya
hemos señalado que los perros, al igual que las vacas, los
caballos, los gatos, los cerdos, los borregos y otros animales,
fueron introducidos por los españoles después de consumada
la conquista. En poco tiempo los perros traídos por los europeos
se convirtieron en una presencia ordinaria en Nueva España,
llevando casi hasta el exterminio a los perrillos autóctonos,
que los españoles asociaban con la "idolatría"
indígena. Muy pronto también se creó en torno
de los perros invasores un imaginario colectivo traducido en todo
género de maleficios, creencias y supersticiones. De esto
último dan razón numerosas acusaciones y causas inquisitoriales,
casi todas de tono sugestivo. Como aquella de 1577 donde un maestro
de apellido Bermejo denunciaba a un encomendero que quiso llamar
a sus perros a uno Jesucristo y a otro Santa María; o también
la testificación contra Juana Peraza, en 1613, por decir
que "con una lengua de perro y una de escorpión, se
puede hacer hablar a un hombre dormido y que cuente la historia
de su vida". Sin embargo, hay un caso, de entre todos, que
llama particularmente mi atención. Es el proceso seguido
en 1685 contra el español Fernando de Lezcano, un rico minero
de Chalchihuites, Zacatecas, de sesenta años de edad, por
llamar hijos a sus perros, por dormir y comer con ellos y otras
cosas semejantes. Este grueso manuscrito, de más de 150 fojas,
se puede consultar en el Archivo General de la Nación, en
el Grupo Documental Inquisición, Vol. 606, Exp. 2. A continuación
transcribo uno de los pasajes más ilustrativos de este expediente.
Hacia 1685 Fernando de Lezcano vivía muy retirado en Chalchihuites,
y según sus denunciantes, quienes fueron los responsables
de su ejecución:
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."Cada viernes por la mañana se recoge en su
aposento, prohibiendo a todos molestarlo. En una ocasión,
queriendo los moradores del lugar componer un oratorio que
estaba ruinoso, decidieron depositar la imagen de Nuestra
Señora en la casa de Lezcano durante las obras, por
ser la mejor del real. Como se buscaba el sitio más
adecuado de la morada para dejar ahí la estatua, el
minero declaró soezmente que: no había
lugar más decente en su casa que su bragueta, y que
no le viniesen con disparates. Vive rodeado de mulatos
y esclavos negros, excluyendo a cualquier español.
Pero este misántropo tiene una extraña afición
a los perros y posee una cantidad asombrosa de ellos. Al parir
una perra, celebra el acontecimiento con grandes regocijos,
y coloca dos cirios de cada lado de la parturienta. En su
insensatez, llama hijos a sus perros, duerme y come con ellos,
los alimenta con chocolate y carne, por lo cual suele comprar
un becerro cada semana; les deja una herencia, y cuando ocurre
alguna muerte entre ellos, organiza el sepelio y recibe el
pésame. Hasta llegó a azotar cruelmente a un
esclavo de confianza y a malbaratarlo por haber dado algunos
golpes a un animal. Encima de estas locuras y de muchas otras,
no se le ve cumplir con sus obligaciones religiosas, y cuando
asiste a una misa, evita hincarse de rodillas con pretexto
de las almorranas que lo afectan, disculpa aberrante, como
lo subrayan sus denunciantes."
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Semblanza del autor
Comentarios al autor: avgsalvador@hotmail.com
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