| |
Nahuales y perros
Salvador Ávila
En
la mayoría de las culturas de Mesoamérica, los nahuales,
sacerdotes hechiceros, conocían grandes secretos, entre otros,
la manera de hacer caer la lluvia sobre los campos, de desviar la
corriente de los vientos, de enmudecer el trueno y de alejar el
granizo y la helada. Maléficos o bondadosos, según
el caso, pasaban la vida en el templo, en ayuno y abstinencia sexual,
y adquirían sus poderes a base de renunciación y de
sacrificio. Cuando querían causar daño, podían
metamorfosearse en bestias durante la noche, pero si eran capturados
con aquella apariencia, morían en cuanto despuntaba el sol.
Sin embargo, tal cosa ocurría raramente, ya que sus virtudes
eran portentosas, y sus conocimientos mágicos les permitían
adormecer a todo el que se tropezaba con ellos.
Con la llegada de los españoles, el pensamiento mágico
se aumentó con nuevos elementos y unió en rara mezcla
creencias y supersticiones. Cobró entonces fuerza, al lado
del hechicero, la bruja, mujer que con ritos sutiles y complicados
obtiene para sus clientes la salud, el poder y el amor. Se tenía
por cierto que estas mujeres solitarias y misteriosas habían
firmado pacto con el demonio usando como tinta su propia sangre,
y que tenían en el cuerpo una marca secreta puesta por la
mano de Luzbel.
En 1747, María Rosa, afroindígena -o "loba"-
de una hacienda de Zacatecas, aseguraba haber tenido pacto con el
diablo durante veinte años, iniciado cuando su esposo se
había marchado con otra mujer. El diablo se le apareció
"tomando la forma de un perro, que se le prendió de
la falda, la engatusó y platicó con ella; y la arañaba
si no le prestaba atención".
En su libro Medicina y magia. El proceso de aculturación
en la estructura colonial, Gonzalo Aguirre Beltrán acude
a Rabelo para decirnos que en la inteligencia vulgar de las gentes
de aquella época, "el nahual era un indio viejo,
desaliñado, feo, de ojos redondos y colorados, que sabía
transformarse en perro lanudo y sucio, para correr los campos haciendo
daños y maleficios". El mismo Rabelo señala que:
| |
Los hechiceros nahuales, transformados en animalías
fieras, también atacan el alma de sus víctimas
y por ese camino provocan la enfermedad y la muerte. En este
caso el ataque se realiza en las horas aciagas de la noche,
y el nahual, tigre o perro, no deja huellas de la mordida
en la anatomía del cuerpo humano: el desgarramiento,
realizado en el alma, se evidencia en la súbita aparición
de la dolencia. Las horas nocturnas igualmente son preferidas
por los hechiceros brujos que chupan el alma de los niños
hasta su emaciación.
|
|
Un nahual también podía transformarse en
jaguar, guajolote o mujer fantasma.
Semblanza del autor
Comentarios al autor: avgsalvador@hotmail.com
|
|
|
|
|
|