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PERROS/CRONICAS PERRUNAS/DE PERROS, INDIOS...

De perros, indios y aperreamientos

Salvador Ávila

Pedro Mártir de Anglería, Consejero de Isabel la Católica, capellán de la casa de Cortés y cronista del reino desde 1520, refiere que los españoles habitualmente utilizaban sus perros para luchar contra los desvalidos indígenas:

 

...y los perros se arrojaban sobre ellos como si se tratase de jabalíes o de tímidos venados. Los españoles hallaron que estos animales estaban tan dispuestos a compartir los peligros con sus amos como antes lo había hecho la gente de Colofón o de Bastabara, que adiestraban a sus jaurías de perros para la guerra; porque los perros iban siempre al frente y jamás rehuían una pelea.

 


Los perros, al igual que los gatos, los cerdos, los caballos y otras especies animales, fueron fauna introducida por los conquistadores en el Nuevo Mundo. Los primeros perros del Continente Americano llegaron con Colón, eran perros de caza, lebreles y alanos; las crónicas señalan que eran veinte. Los perros traídos por los conquistadores alcanzaron pronto notoriedad a partir de los célebres como trágicos aperreamientos: batidas de soldados contra las aldeas indígenas, donde las bestias destazaban virtualmente a sus víctimas, opusieran o no resistencia. Dos de estos animales, particularmente diestros y fieros en ese tipo de maniobras han pasado a la posteridad, se trata de Becerrillo y de su descendiente Leoncillo.

Del primero se sabe que era enorme y rojizo, manchado de negro alrededor de los ojos y del hocico; aunque no se sabe con exactitud a qué raza pertenecía. Según el cronista Fernández de Oviedo, su amo era uno de los soldados de Vasco Nuñez de Balboa. Becerrillo murió en un combate contra los caribes, herido por una flecha envenenada. Su vástago Leoncillo pasó al continente con Balboa, quien le había adiestrado, se dice, de una manera admirable. Durante las míticas exploraciones por el istmo de Panamá, que dieron por resultado el descubrimiento del Mar del Sur, luego llamado Océano Pacífico, Leoncillo prestó grandes servicios a quienes le conducían al combate.

El dibujante y grabador belga Teodoro de Bry, nos ha conservado la representación gráfica de una de aquellas batallas, en las cuales Leoncillo, que tenía asignada su paga de soldado, desempeñaba siempre el papel principal. El perro murió acribillado en un encuentro donde los indios lo atravesaron a flechazos. Las Casas se extiende en detalles sobre las terribles matanzas en que tomaron parte Becerrillo y Leoncillo, y habla del terror que experimentaron los indios al ver a estos dos feroces canes.

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