| |
De brujas, talismanes y mascotas
(Segunda y última parte)
La palabra mascota está pues asociada a una época
de prácticas obscuras, donde la brujería señoreaba
por toda Europa. El siglo XVIII, sobre todo en su primera mitad,
es el gran siglo de la brujeria en los tiempos modernos, y ninguna
región de Europa, aun en la época en que vivía
Descartes padre de la premisa pienso, luego existo,
escapó a la obsesión del demonio. Toda una literatura
demonológica floreció en ese siglo y nos informa sobre
las diferentes encarnaciones del Ángel de las Tinieblas.
Este ambiente de taumaturgia fue preservado por el folklore, que
establece que en Europa las hechiceras solían tener ayudantes
que el Diablo -Belial, patrón de gitanos, adivinas y brujas-
les proporcionaba en forma de mascotas. En un grabado de la obra
Discoverie of Witches, publicada en Londres en 1647, se dejan
ver en torno de las brujas, representadas por mujeres hermosas,
gatos y conejos, pero sobre todo perros falderillos.
En la antigüedad las mascotas fueron objeto de un gran aprecio.
En la Grecia clásica, y más aún en la Roma
decadente, el cariño dispensado a los perros era desmesurado.
En una comedia de Tibulo se lee: "Dispón para el perro un
buen tapiz de lana de Mileto y extiende encima de él una
manta de púrpura [...] unta sus patas con megalion [perfume
muy estimado]". Para la mujer romana el perrillo era inseparable;
comía con ella en la mesa, se acostaba en su mismo lecho,
y no salían nunca sin llevar perritos que apretaban contra
su regazo. Estos perros tenían esclavos dedicados a su servicio
y en algunos testamentos figuraban como los únicos herederos.
Las razas de los canes preferidos por las romanas procedían
de Galia, de Sicilia y de Malta.
Los cuidados y mimos exagerados que se prodigaban a los perritos
griegos y romanos no están muy alejados de los que les prodigamos
a cierto tipo de mascotas hoy en día. En algunos de los países
industrializados las mascotas han venido a ocupar entre los matrimonios
el lugar de los hijos. Los "padres" están convencidos de
su derecho a no tener descendencia aunque sí animales domésticos.
Al mismo tiempo las mascotas despiertan cada vez más la voracidad
de los delincuentes. En Roma el secuestro de mascotas al estilo
de la mafia va en aumento, y se exige por su rescate sumas considerables.
Un caso singular es el de la Revolución cultural china 1966-1976,
que racionalizó todos los bienes de consumo y prohibió
la posesión de mascotas, al menos hasta que el país
resolviera sus problemas económicos.
|
|
|
|
|
|