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PERROS/CRONICAS/YERBA DE LA PUEBLA

De la muerte por palos a la muerte por la yerba de la Puebla

Salvador Avila

Durante mucho tiempo la matanza de perros dividió al ayuntamiento de la ciudad de México: mientras que algunos concejales se inclinaban por el exterminio radical de la fauna canina, otros abogaban por la disminución de su número: "para librar a la población de los males que esos animales originan en determinadas épocas del año", la primavera y el verano concretamente.

Uno de los aspectos más importantes de la matanza de perros fue la búsqueda permanente de métodos más eficaces y menos inhumanos —a la vez que más económicos— de exterminio. Durante casi toda la colonia la manera de eliminar a los perros vagabundos se hizo a través de la asfixia y el garrote, y desde 1809 por medio de trozos de carne envenenada con la llamada "yerba fresca de la Puebla".

El primer sistema, cuyos instrumentos técnicos eran un simple garrote y una cuerda corrediza, implicaba prácticamente una lucha cuerpo a cuerpo entre la bestia y el guarda, de la cual este último no siempre salía vencedor, aunque sí con severas heridas. No por nada los serenos repudiaban este tipo de actividad. El sacrificio de los perros se realizaba al amparo de la oscuridad para no herir la sensibilidad de los espectadores: después de la oración nocturna, pasadas las nueve o diez de la noche.

La búsqueda de métodos menos inhumanos condujo a las autoridades a emplear, desde 1809, trozos de carne envenenada con "yerba fresca de la Puebla", cuya clasificación taxonómica fue, a partir de 1866, la de Senecio Canicida (Itzcuinpatli). El primer experimento con esta hierba se realizó el 22 de junio de 1809 en la Plaza del Volador, por medio de la carne envenenada de un caballo que, "al tiempo que duró pasaron de trescientos perros los muertos... con lo que está visto el buen efecto de esta providencia, cuya ejecución continuará todas las ocasiones que se proporcione carne muerta".

A partir del porfiriato ya no se sacrificaba a los perros en las calles y en las horas avanzadas de la noche, sino que se los atrapaba a plena luz del día conduciéndolos a lugares donde eran exterminados con cierto tipo de sustancias químicas, como la estricnina.

El 12 de enero de 1866, el doctor Lauro María Jiménez, miembro destacado de la Academia de las Ciencias, publicó en el Diario del Imperio una Descripción y clasificación de la Yerba de la Puebla ó del Perro, cuya clasificación taxonómica fue desde entonces la de "Senecio canicida o Itzcuinpatli", planta que, según su colega, el doctor Maxiliano Río de la Loza, no estaba lo suficientemente estudiada. Este artículo había sido leído unos días antes por el propio doctor Jiménez en una de las sesiones de la Sociedad Humboldt.

 

     
 


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