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La hidrofobia
Llamado el Dr. Boisson para curar a una persona mordida por
un perro rabioso, la cual ya estaba en la crisis final de
la enfermedad, la sangró y se enjugó las manos
con un pañuelo impregnado con la saliva del moribundo.
En el dedo índice de la mano izquierda tenía
una pequeña herida, en la cual se veía la carne:
en el momento conoció la imprudencia que había
cometido; pero confiado en el procedimiento que había
descubierto, se contentó con lavarse con agua.
En la creencia M. Boisson de que la enfermedad no se declararía
hasta los cuarenta días, y teniendo que visitar muchos
enfermos, dilataba de un día para otro tomar el remedio,
que eran baños de vapor; a los nueve días, estando
en su gabinete, sintió de repente, dice, un gran calor
en los ojos: "Juzgaba que mi cuerpo era tan ligero, que
me parecía que saltando podía llegar a una altura
prodigiosa, o que arrojándome desde una ventana podría
sostenerme en el aire; mis cabellos tenían sensibilidad,
y me parecía que sin verlos podría contarlos;
se me llenaba constantemente la boca de saliva; la impresión
del aire me causaba un daño horrible, y evitaba mirar
los cuerpos brillantes; tenía ansia de comer y de morder,
no a los hombres, sino a los animales y a cuanto me rodeaba".
"Bebía con trabajo, y noté que la vista
del agua me fatigaba más que el dolor de la garganta:
creo que cerrando los ojos un hidrófobo puede beber".
"Me daban los ataques de cinco en cinco minutos, y entonces
sentía que el dolor procedía del dedo índice,
y que se prolongaba por lo largo de los nervios hasta el hombro".
"Creyendo que el remedio que yo usaba era solo preservativo,
y no curativo, tomé un baño de vapor, no con
intención de curarme, sino de sofocarme. Cuando el
baño llegó a un calor de 52 grados del centígrado,
desaparecieron todos los síntomas como por encanto,
y nada he vuelto a sentir. He curado más de cuarenta
personas mordidas por animales rabiosos, y todos han quedado
libres del mal con los baños de vapor".
"Cuando una persona ha sido mordida por un perro rabioso,
es necesario que tome siete baños de vapor, uno cada
día, llamado a la rusa, de 57 a 63 grados. Este es
el remedio preventivo. Cuando se ha declarado la enfermedad,
el baño de vapor llegará rápidamente
a 37 grados del centígrado, y después con lentitud
hasta los 63: el enfermo debe permanecer encerrado en su cuarto
hasta que se encuentre completamente curado".
El Dr. Boisson cita otros muchos hechos curiosos: "Un
americano, mordido por una serpiente de cascabel, a la distancia
de unas ocho leguas de su casa, quiso morir entre su familia;
corrió sin cesar, se acuesta, suda mucho, y se cura".
El Diario del Imperio, Tomo IV, Núm. 509,
México, 11 de septiembre de 1866, p. 1.
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