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PERROS/CRONICAS PERRUNAS/EL DIARIO DEL IMPERIO

Maximiliano, el Diario del Imperio y la hidrofobia

(Segunda y última parte)


 

La hidrofobia

Llamado el Dr. Boisson para curar a una persona mordida por un perro rabioso, la cual ya estaba en la crisis final de la enfermedad, la sangró y se enjugó las manos con un pañuelo impregnado con la saliva del moribundo. En el dedo índice de la mano izquierda tenía una pequeña herida, en la cual se veía la carne: en el momento conoció la imprudencia que había cometido; pero confiado en el procedimiento que había descubierto, se contentó con lavarse con agua.

En la creencia M. Boisson de que la enfermedad no se declararía hasta los cuarenta días, y teniendo que visitar muchos enfermos, dilataba de un día para otro tomar el remedio, que eran baños de vapor; a los nueve días, estando en su gabinete, sintió de repente, dice, un gran calor en los ojos: "Juzgaba que mi cuerpo era tan ligero, que me parecía que saltando podía llegar a una altura prodigiosa, o que arrojándome desde una ventana podría sostenerme en el aire; mis cabellos tenían sensibilidad, y me parecía que sin verlos podría contarlos; se me llenaba constantemente la boca de saliva; la impresión del aire me causaba un daño horrible, y evitaba mirar los cuerpos brillantes; tenía ansia de comer y de morder, no a los hombres, sino a los animales y a cuanto me rodeaba".

"Bebía con trabajo, y noté que la vista del agua me fatigaba más que el dolor de la garganta: creo que cerrando los ojos un hidrófobo puede beber".

"Me daban los ataques de cinco en cinco minutos, y entonces sentía que el dolor procedía del dedo índice, y que se prolongaba por lo largo de los nervios hasta el hombro".

"Creyendo que el remedio que yo usaba era solo preservativo, y no curativo, tomé un baño de vapor, no con intención de curarme, sino de sofocarme. Cuando el baño llegó a un calor de 52 grados del centígrado, desaparecieron todos los síntomas como por encanto, y nada he vuelto a sentir. He curado más de cuarenta personas mordidas por animales rabiosos, y todos han quedado libres del mal con los baños de vapor".

"Cuando una persona ha sido mordida por un perro rabioso, es necesario que tome siete baños de vapor, uno cada día, llamado a la rusa, de 57 a 63 grados. Este es el remedio preventivo. Cuando se ha declarado la enfermedad, el baño de vapor llegará rápidamente a 37 grados del centígrado, y después con lentitud hasta los 63: el enfermo debe permanecer encerrado en su cuarto hasta que se encuentre completamente curado".

El Dr. Boisson cita otros muchos hechos curiosos: "Un americano, mordido por una serpiente de cascabel, a la distancia de unas ocho leguas de su casa, quiso morir entre su familia; corrió sin cesar, se acuesta, suda mucho, y se cura".

El Diario del Imperio, Tomo IV, Núm. 509, México, 11 de septiembre de 1866, p. 1.

 


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Comentarios al autor: avgsalvador@hotmail.com

         


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