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OTRAS ESPECIES/¡NO SON TORTUGAS NI LAGARTOS!


¡No son tortugas ni lagartos!

(Segunda parte...)

ACUARIO ADAPATADO

¡No es un error! Sucede que estos animales tienen cualidades tan especiales que el acuario donde viven debe estar perfectamente adaptado a ellas. Empecemos por las patas. El tipo que poseen estas tortugas indica que son de costumbres acuáticas, por lo tanto habrán de contar con un acuario en el que puedan nadar, pero la reducción de plastrón —que deja expuestas áreas blandas del vientre de las tortugas— , refleja que estos organismos viven en ríos con fondo lodoso, lo que evita que se lastimen por fricción; esto significa que no podemos utilizar fondos rocosos y mucho menos sacarlas a pasear por el jardín o por el suelo porque podemos ocasionar que se lastimen severamente.

Su color café, y la peculiar forma de las placas del caparazón, así como las escamas tuberculosas que cubren cola y extremidades, les permiten pasar inadvertidas en los fondos lodosos donde habitan, lo cual sirve para esconderse tanto de depredadores como de sus presas. Por eso es buena idea proporcionar a estos animales en cautiverio fondos y ornamentaciones en el acuario que les permitan sentirse ocultas y generar menos estrés por el propio cautiverio, es poco probable que se sientan muy a gusto con un sustrato de grava amarilla o rosa.


¡QUE CARACTER!

La desprotección de los tejidos blandos que dejan descubiertos el caparazón y el plastrón, es la causa del terrible carácter de estas tortugas, sustituyen su blindaje con un humor de los mil demonios y un pico verdaderamente peligroso, capaz de propinar terribles mordidas, no sólo a sus presas, sino también a todo lo que les resulte inconveniente, así sea la mano que les da de comer.

Manipular a estas tortugas implica tener ciertas consideraciones y una técnica segura. Los ejemplares pequeños no representan mayor problema, pero conforme crecen el asunto se complica. No podemos sostenerlas del caparazón porque sus poderosas patas, provistas de garras fuertes y filosas, nos pueden causar heridas muy dolorosas y entonces soltaremos a la tortuga cuyo caparazón se puede fracturar — una de las lesiones más comunes. Es peligroso sostenerlas del caparazón también porque pueden extender su cuello hacia atrás y lanzar mordidas rápidas y certeras.

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