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ESPECIES/CRIADERO DE AVES EXOTICAS |
Conoce un criadero de aves exóticas
(Segunda parte...)
Conrado posee varias parejas de cinco a seis años de edad
que han alcanzado su madurez sexual y las hembras ponen una tres
veces por año dos a tres huevos uno cada dos días-
, que incuban dentro de amplios nidos construidos con una puertita
que se abre desde afuera para poderlos vigilar. La hembra sale poco
del nido y mientras está echada el macho la visita con frecuencia
para regurgitarle comida en su pico. A los 28 días nacen
dos o tres polluelos que los propietarios vigilan desde ese momento
y antes para ayudarlos si tienen problemas con el cascarón.
En el nido dejan un par de días a los pollos para que reciban
la llamada leche de guacamaya, que es alimento semidigerido que
la hembra introduce en sus picos, mezcla rica en anticuerpos y enzimas
que favorece la salud de los recién nacidos. A partir de
ese momento la presencia de Clarita, esposa de Conrado, se vuelve
muy importante pues a ella le llevan las crías que alimentará
en su propia casa.
Los pequeños no abren sus ojos hasta después de diez
días, mientras, son colocados en cajones bajos de madera
con cama de aserrín donde se guarda el calor con ayuda de
focos. Ella los vigila con frecuencia y los alimenta con jeringas
para depositar en el pico, cada dos horas durante el día
y la noche, una fórmula líquida basada en cereales
y vitaminas que han ido modificando y ensayando hasta lograr una
supervivencia del 90 por ciento de los polluelos. A partir de los
dos meses aprenden a picotear trozos de fruta, iniciando su vida
independiente que se completa a los cuatro meses.
Clarita nos cuenta que desde que una hembra pone sus huevos, numeran
cada uno y anotan la fecha de postura; después de 26 días
oyen que los polluelos empiezan a picar en el nido aún dentro
del cascarón y a los 28 días deben estar atentos para
observar su nacimiento y constatar si sus padres los cuidan.
Conrado y sus ayudantes manejan con regularidad a las aves jóvenes
que aprenden trucos, son dóciles y juguetonas, conocen pronto
sus rutinas, son parlanchinas y durante las mañanas se suben
gustosas sobre los hombros y brazos de turistas extranjeros y nacionales
que se quieren fotografiar con ellas.
¡QUE VIDA!
En el criadero, las guacamayas conviven en grupos con otras que
están libres, pasean sobre perchas y troncos donde permanecen
parte del día en el jardín y a la caída de
la tarde, bajan solas y caminan para dormir bajo techo.
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