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Para un ambiente limpio: tratemos el excremento de nuestros perros
(Segunda parte... )
En un rápido análisis de las alternativas más
frecuentes observamos que carecen de una respuesta satisfactoria
para ambos temas. Arrojar las excretas a la basura facilita la reproducción
de los organismos patógenos que puede contener, además
de que favorece la proliferación de fauna nociva, como moscas
y cucarachas. Algo similar sucede aún si se desecha en una
bolsa de plástico y se arroja a la basura. Las personas que
viven en los tiraderos de basura o rellenos sanitarios, que buscan
objetos útiles entre la basura, también pagan un costo
en salud cuanto se encuentran con este tipo de paquetes, tanto en
afecciones digestivas como en afecciones de la piel -cuando entran
en contacto directo con las excretas.
Abandonar las excretas en donde son depositadas por nuestro perro
tampoco es una opción, al menos en las ciudades, que cuentan
con calles asfaltadas y banquetas que impiden su rápida absorción
al subsuelo. Por otro lado, la alta concentración de personas
y animales hace imposible, aún contando con las condiciones
de terreno adecuadas, que la absorción sea lo suficientemente
eficiente como para permitir que desaparezca tanto excremento.
Algunas otras alternativas utilizan aparatos y/o agujeros en el
suelo que facilitan que las excretas se entierren y se descompongan
en el subsuelo, lejos de nuestra vista y de nuestro olfato. Desgraciadamente,
no tenemos ninguna seguridad de que en su descomposición,
esas excretas no faciliten el crecimiento de la fauna nociva de
la que hablábamos, así como que no contaminarán
mantos acuíferos subterráneos de poca profundidad.
Como se ve, olvidarse de las excretas para que sean otros, ya sea
instituciones o personas ajenas a nosotros se encarguen de ellas,
resulta nocivo en un elevado porcentaje de casos.
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