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El fecalismo en las calles sí se puede disminuir
MVZ Carmen Carbonell de Reinartz
INTRODUCCION
En
México sólo se tienen estadísticas aproximadas
del número de perros que existen y considerando que
la proporción que se menciona es de un perro por cada
seis habitantes (4, 11), podemos suponer que al menos en el
Territorio Nacional habitan 15 millones de perros.
Tomando en cuenta que en el Valle de México habitan
cerca de 18 millones de personas. La Secretaría de
Salud ha calculado la existencia de cerca de tres millones
de perros, de los cuales casi dos millones habitan temporal
o permanentemente en las calles (8, 13), buscando comida y
abrigo donde pueden y defecando y orinando en la vía
pública.
Resulta común ver en áreas urbanas a innumerables
propietarios de perros, que especialmente muy temprano por
las mañanas y por la noche, al regreso del trabajo,
"sacan a pasear a sus perros", el principal pretexto
de esos paseos es permitir que los animales satisfagan sus
necesidades biológicas, de preferencia no muy cerca
de su domicilio, permitiéndoles orinar en cuanto poste
o árbol encuentren y eligiendo para que defequen en
cualquier vereda, camellón o prado mullido, siempre
y cuando no sea el propio.
En la actualidad, casi el 50 % de los propietarios ya guían
a sus perros con correa, pero aún persiste la costumbre
de acompañarlos sin medio alguno para su contensión,
por lo que en especial estos animales eligen el lugar que
a ellos les place para defecar, pudiendo hacerlo inclusive
en la mitad de la banqueta.
Por lo antes descrito, se hace cada vez más frecuente
la posibilidad de pisar heces de perro en las calles y de
diseminarlas con la suela de zapato hasta los más remotos
lugares.
En los últimos años se han realizado diversos
trabajos en relación al sitio donde permanecen los
perros la mayor parte del tiempo y se encontró que
en áreas urbanas habitadas por personas de clase media
el 55 % permanecen dentro de las casas, el 27 % viven en patios
y jardines y el 18 % deambulan la mayor parte del día
en las calles (7). Esta proporción varía radicalmente
en zonas suburbanas donde habitan personas de bajos recursos,
ya que en muchos casos no existen, rejas, bardas u otras divisiones
físicas entre un predio y el otro, lo que impide que
los animales puedan ser confinados, y así se mantienen
todo el día vagando en las cercanías de los
lugares donde reciben rutinaria o esporádicamente alimentos,
ya sea de uno o varios dueños que comparten su posesión,
por considerarlos perros comunitarios que cuidan en el vecindario.
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