Un spa muy animal
(Segunda y última parte)
Pero más pacientes arriban a medida que avanza el
día, entre los cuales figura un impala cojeando, un
antílope y hasta un grupo de solidarias cebras que
permanecieron a distancia para esperar y acompañar
a una de sus amigas que, como el resto de los animales, acudía
en pos de su curación.
La mayoría de los pacientes llega por su cuenta, no
se sabe con certeza qué tanto trecho recorren, ni los
peligros que debieron sortear para llegar a este oasis sanatorio,
casi todos ellos hacen el recorrido sin la protección
de su manada. Quizá nunca se cuestionaron no acudir
al lago, pues de no hacerlo sus posibilidades de supervivencia
serían muy bajas o nulas.
La escena más impresionante la protagonizan dos imponentes
leones. Sin necesidad de aspavientos su sola presencia basta
para congelar la imagen. Los leones no parecen inmutarse ante
aquel surtido festín alimenticio, vienen a curar sus
propias heridas: unas espinas clavadas en sus garras ya infectadas.
Tanto las cebras, como el resto de los animales tampoco parecen
intimidados por los nuevos visitantes. Y se respira un ambiente
de paz y tranquilidad entre fieras y sus habituales presas.
Este artículo se basó en información
del libro Sobrevivir de Vitus B. Dröscher.
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