Historias en la vida de dos veterinarias
A
Graciela y a Joyce les brillan los ojos y se les ilumina el
rostro cada vez que hablan de sus recuerdos, de las veces
que lograron salvar la vida de gatos y perros o cuentan anécdotas
divertidas. Son mujeres que conquistaron contra viento y marea,
contra profesores y compañeros de vista obtusa, su
título de Médicas Veterinarias Zootecnistas;
conquistaron su vida. Y estas son algunas de sus historias.
LOS GATOS SALVAN VIDAS
Fíjese que nosotros tenemos una amiga enfermera en
Hollywoodnos cuenta Graciela, tiene un gato burmés.
Un día alguien llamó a su puerta, la sometió
para atacarla en su propia casa, de pronto el gato se lanzó
a la cabeza del agresor, le desgarró la cara, le mordió
el cuello, él trató de defenderse pero su propia
sangre no le permitía ver los movimientos del gato
que lo seguía atacando. Finalmente el agresor se lo
quitó de encima y salió corriendo del lugar,
pero el gato salió detrás de él y lo
volvió a atacar hasta que se lo quitaron y se lo llevaron
para curarlo, resulta que este hombre había violado
a no menos de 10 mujeres y posiblemente había asesinado
a otras tantas, ¿Qué hubiera pasado con nuestra
amiga de no ser por esta cosita diminuta, su gato tan tímido
que le salvo la vida?
El gato negro, ese sí que fue un milagro. Lo habían
atropellado, yo vi cómo le pasaban los coches encima
dice Graciela, quedó como en una cuneta
del pavimento, estaba desmayado y no se podía levantar.
Yo intenté cruzar la calle, los conductores me gritaban
idiota, babosa, loca, entonces unos chicos adivinaron que
lo que yo quería era levantar al gato para que no lo
despedazaran. Entonces uno de ellos que corría más
rápido que yo fue por él, lo recogió
y nos lo entregó bañado en sangre con las dos
ramas del maxilar fracturadas y un ojo salido; me quité
el saco para envolverlo, tenía tres chipotes en la
cola; lo puse en el asiento de atrás y comenzó
a ronronear.
Trabajamos para curarlo hasta las siete de la mañana,
pobre, estaba despedazado, tenía chapopote y arena.
Lo primero que curamos fue su ojo, lo lavamos con suero y
lo colocamos de nuevo, le dimos una puntada, antibiótico,
le pasamos suero y rezamos para que se le detuvieran las hemorragias
internas. Los cuidados duraron tres meses, nadie lo tocaba
más que yo recuerda Graciela. Era un gato muy
lindo, cuando escuchaba los frascos de medicina en lugar de
huir ¡venía hacia mí! Lo bautizamos
lucky porque fue una suerte que pasáramos por ahí.
Le encantaban las visitas y que le dieran galletas.
LAS TRES REGLAS PARA LOS VETERINARIOS
Primero: no importa lo que el cliente quiera, si el cliente
quiere que se le corten las orejitas, que sacar las garras
o los dientes ¡No señor! Nuestra misión
es ayudar al animal a vivir mejor.
Segundo, no exagerar para quedar bien con el cliente si el
animal está enfermo. Es muy tramposo decir cosas como
voy a hacer todo lo posible, a lo mejor se va a morir, pero
voy a poner todo de mi parte. Es tramposo porque si el animal
tal vez ni está peligro pero el veterinario queda como
un santo, pero eso es un daño para el dueño
y al animal, nunca hay que hablar negativamente enfrente de
un animal ¡y menos de un gato!
Tres: no cobrar más de lo necesario. Ser honesto.
Un profesionista, cualquiera, tiene una doble obligación
de moral ¿Por qué? Tuvo la oportunidad de estudiar,
eso es lo que le debemos enseñar a todos los profesionistas.
En la nuestra tenemos además el privilegio de trabajar
con algunas de las creaciones más hermosas del mundo:
los animales.
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