(Segunda parte... )
Gracias a la carrera el potencial energético acumulado
se descarga internamente de forma completamente natural, evitando
las consecuencias dañinas de una sobreexposición
de sus células y tejidos a la adrenalina que naturalmente
se libera en los procesos de estés. Lo que de manera
instintiva está haciendo la liebre, es transformar
su energía en un movimiento corporal que neutraliza
la acción negativa de las hormonas del estrés.
Siguiendo las enseñanzas de nuestra maestra, la liebre,
vamos a plantear una situación específica y
su posible solución. Perdiste un cliente que era muy
importante para la compañía y estás desesperado.
La confusión es alta y ni siquiera tienes en claro
qué parte de la responsabilidad te corresponde y qué
parte es compartida con otras personas, porque lo único
que tienes en la mente es una frase insistente en boca de
tu jefe: ¡ESTAS DESPEDIDO!
Ojo: no es que un depredador te vaya a asesinar
es
más ni siquiera es seguro que pierdas el trabajo y,
si pudieras pensar con claridad, tal vez caerías en
la cuenta de que no eres el responsable de lo que ha sucedido.
¿Qué hacer? Sal a darte un par de vueltas a la
manzana o, si la situación lo permite, vete a correr
a algún lado. Ello te ayudará a deshacerte de
la energía excedente y a asimilar físicamente
la adrenalina que generaste, al tiempo que sentirás
que tu mente se despeja.
SEGUNDA LECCION: ESTE RATON NUNCA PERDIO LA ESPERANZA
La sensación de abandono o desesperanza es un factor
importante de estrés. Y es que muchas veces las exigencias
laborales de nuestra sociedad colocan al individuo en un estado
agudo de nerviosismo: la competencia es alta, los retos son
permanentes, las jornadas extenuantes, la interacción
con nuestros compañeros roza en la fricción
y a todo nos tenemos que enfrentar solos.
¿Cómo podemos aplicar aquí lo que hacen
los animales para liberarse de la presión? Al respecto
viene al caso mencionar el experimento de las ratas nadadoras
y la esperanza.
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