Disminución del estrés, provocado por la
inseguridad de no escuchar ni siquiera algún sonido
de alarma.
Disminución del sentido de soledad. El hecho de
llegar a casa y saber que nos están esperando,
que se alegran de vernos y que alguien necesita de nuestros
cuidados, es la primera causa de obtención de un
perro. Si pensamos en una persona discapacitada y en el
mundo de aislamiento en el que puede llegar a vivir, un
perro adiestrado se vuelve más que un instrumento,
una compañía incondicional.
Facilitación de contactos sociales: En este rubro,
se ha estudiado el papel socializador de los perros de
asistencia. Una persona que sale sola a caminar tiene
mucho menos contactos sociales que si va acompañada
de un perro. Si el animal además lleva un collar
o arnés distintivos de perro de asistencia, se
evita el factor sorpresa por parte del interlocutor
al saber de antemano que la persona está del otro
lado de la correa es sorda. Se evita así el rechazo
físico y visual hacia la persona discapacitada,
rechazo que es obviamente percibido por la contraparte
sorda y que le causa problemas de integración social
la sordera no es aparente físicamente.
Beneficios para la salud: Los tres puntos anteriores
ejercen un efecto sobre el bienestar psicológico
de la persona, pero además éste está
ligado con todos los demás cambios fisiológicos
otorgados por el simple hecho de tener un perro: posibilidad
de salir a caminar para pasear al perro y disminución
de la presión arterial disminución
del estrés-, por ejemplo.