Fundación Antonio Haghenbeck, 17 años de lucha
en favor de los animales
(Segunda y u´ltima parte)
EDUCAR, EDUCAR Y AL FINAL EDUCAR
La falta de educación es uno de los
problemas más graves a los que se enfrentan diariamente
los miembros de la Fundación Haghenbeck. Aún
no hemos logrado que las personas aprendan a convivir con
los animales, que entiendan que se trata de seres vivos igual
que nosotros y tampoco hemos fomentado lo suficiente el respeto
hacia los perros, sobre todo en los niños.
Pero no sólo la reproducción
sin control es un problema, desgraciadamente en nuestro país,
como en muchos otros más, tenemos cría clandestina
de perros. Existen criaderos en los que las hembras están
en una constante fabricación de cachorros, todo el
tiempo preñadas, la reproducción es un negocio.
No importa la calidad de vida de las hembras utilizadas.
Por otro lado las autoridades mexicanas no
han querido reconocer en la práctica la Ley Protectora
de Animales evitando, por ejemplo, las ventas irregulares
de perros que, a su vez, no tendrían tanto éxito
si la gente estuviera consciente que los perros no son un
juguete para divertirse un día y desecharse al siguiente.
Esto ocurre sobre todo con las compras impulsivas de mascotas
en mercados y plaza públicas.
La Fundación Haghenbeck genera los
recursos, si bien no son suficientes, para trabajar en conjunto
con otros grupos en labores encaminadas a terminar con el
problema de los perros callejeros. Comité Pro-animal
A.C., Asociación Franciscana I.A.A.P., Reserva para
la protección de la flora y la fauna silvestre y doméstica
y del medio ambiente A.C, son algunos de los grupos a los
que apoyan en sus actividades.
Para la Fundación Haghenbeck y de
la Lama terminar con el problema de los perros de la calle
no es algo que se pueda lograr de la noche a la mañana,
por eso luchan todos los días, para que nuestros perros
tengan una mejor calidad de vida y dejen de ser un problema.
Debido a nuestro humanismo egoísta,
al animal se le ve como un ornamento, como un juguete, como
una mascota o como basura, esto en el mejor de los casos.
En el otro lado de la cultura humana el animal es alimento,
ropa o medicina. Es un objeto al servicio del hombre sin que
cuente como un ser en el que la vida se expresa. Ni las autoridades,
ni las instituciones educativas lo han contemplado como un
ser viviente. Él es distinto pero tan vivo como el
humano. Fundación Haghenbeck
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