Diario no autorizado pero divertidísimo de un
gato
(Segunda y última parte)
Día 16. He encontrado la manera adecuada de vengarme
por la inyección que recibí. Esta madrugada le mordí
la nariz a uno de mis captores y salí huyendo. Seguramente
no supo qué pasó. Obviamente me escondí todo
el día. Estuvieron llamándome, pero nunca supieron
dónde buscar.
Día 28. Hoy fui sorprendido tratando de cavar un
túnel en el sofá para poder escapar. Esperaré
unos cuantos días para intentarlo de nuevo. Esta vez, trataré
de romper las cortinas para hacer un espacio lo suficientemente
grande y entonces huir.
Día 43. Mis captores siguen tratando de llamar mi
atención arrojando diversos objetos para que juegue con ellos.
Me molesta que coman jugosos trozos de carne mientras soy forzado
a comer unas diminutas cosas secas. Lo único que me mantiene
alerta es la esperanza de escapar y la satisfacción de arruinar
la mayor cantidad de mobiliario posible antes de emprender la huida.
Quizá mañana coma más hojas de la planta que
tienen en la sala.
Día 65. Mis intentos por acabar con mis captores
casi rinden frutos hoy. Traté de enredarme en los pies del
macho humano mientras bajaba por un vaso de agua a las 2 de la mañana.
Tal vez debo intentarlo justo al principio de la escalera y no a
la mitad. En un intento de manifestar mi enfado por la represión
a la que soy sometido, vomité sobre la alfombra. Debo esperar
a que las cosas se calmen y lo intentaré de nuevo sobre su
cama.
Día 70. Pasé todo el día dormido, ahorrando
mis energías para subirme a su cama y despertarlos con maullidos
y mordidas y obligarlos a que me dieran algo de comer. Fui expulsado
del cuarto. Me entretuve buscando algo en la alacena. Juro por mi
madre que ese vaso de vidrio estaba roto desde antes que yo me subiera
a la mesa.
Día 86. La crueldad de mis captores no tiene límites.
Hoy me colocaron un artefacto alrededor del cuello, con una pequeña
pieza de metal que lleva algo grabado. Hice todo lo que estaba en
mis garras por deshacerme de él, pero fue inútil.
Para manifestar mi disgusto ante tal acto, me metí al closet
y comencé a afilarme las uñas con distintas telas.
Traté de pasarlo lo mejor posible. Valió la pena.
Día 94. Hoy decapité una lagartija y se las
llevé a mis captores como una advertencia, sólo para
demostrarles lo que soy capaz de hacer cuando me propongo llenar
de miedo sus corazones. Los muy ingenuos lo tomaron como un regalo
y me premiaron diciéndome lo lindo que era. El plan no salió
como yo esperaba. Pasaré al plan B, y esta vez será
una rata o un pájaro. Algo más grande. Algo que realmente
los impresione.
Continuará la próxima semana...
Este artículo se publicó en la revista Perros
Pura Sangre de la Federación Canófila de México,
el 7 de Julio del 2000. Se publica esta versión adaptada
para Mascotanet con permiso del autor.
daybit@hotmail.com
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