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| GATOS/¡APARTAOS,
INTRUSOS, DE MI TERRITORIO! |
¡Apartaos, intrusos, de mi territorio felino!
MVZ Cecilia Vignau Ruiz
No
es broma, los gatos son por naturaleza animales territoriales, no
importa si son gatos de casa, silvestres o semisalvajes. Estamos
hablando de un espacio determinado con límites específicos
que le pertenece a él y a nadie más que a él...
al menos eso cree.
Al tener un hogar los gatos no están exentos de su instinto
por defender un territorio; esto ocurre incluso en casas con un
solo gato, es frecuente observarlos competir con el dueño
por su sillón favorito o por el calor de los rayos solares
que logran colarse por una ventana. En una casa donde habitan varios
gatos el territorio casero suele convertirse en una responsabilidad
compartida que defienden cuando es asediado por intrusos. En cambio
los gatos que tienen la posibilidad de salir de su hogar, son capaces
de interactuar con otros gatos dentro de un mismo territorio, como
ocurre dentro de cualquier otro tipo de comunidad.
¡MIO, MIO Y DE NADIE MAS!
Todo gato tiene sus preferencias y por lo tanto escogerá
su sitio favorito para dormir, tomar el sol, jugar, cazar, etcétera.
Normalmente alrededor de ese territorio base hay otro territorio
casero que incluye lugares frecuentados para diversas actividades
y más allá de éstos encontraremos territorios
comunes como el área de cacería, rituales de encuentro
para apareamiento o para establecer jerarquías mediante las
peleas.
La forma y extensión de dicho territorio dependen principalmente
de lo que éste tiene que ofrecer y del número de gatos
que frecuentan el lugar, es decir de la competencia para poder utilizarlo
o simplemente estar en un determinado espacio, y, lo más
importante, depende de la disponibilidad de alimento. Si no existe
una limitación en cuanto al alimento se refiere, los gatos
no tienen ningún problema en coexistir con sus congéneres
en un espacio reducido.
Las dimensiones del territorio dependen también del sexo,
edad y temperamento del individuo. Así, tenemos que los gatos
castrados u operados, tanto hembras como machos, normalmente tienen
que defender un menor espacio, aunque no por esto son más
tolerantes. En contraste con esto, los machos arraigados pueden
abarcar una zona diez veces mayor que la de una hembra.
... HASTA QUE APARECIO EL DUEÑO
En estado salvaje los gatos escogen y regulan sus territorios según
el número de individuos de la zona y la disponibilidad de
alimento. Cuando hablamos de gatos domésticos el territorio
es impuesto por el dueño; en el caso de gatos recién
llegados a un hogar con más gatos, tendrán que competir
y literalmente ganarse su espacio. Se trata de una experiencia positiva
para el recién llegado pues puede tener en el dueño
a un aliado en el campo de batalla y, aunque la confrontación
es inevitable, la intensidad de la misma está supeditada
a la edad, fortaleza y sexo del nuevo integrante.
HUELLAS AROMATICAS
Una vez ganado el territorio debe ser marcado con huellas olfativas
y visuales y así delimitar el espacio. Los machos enteros
sin castrar- son especialistas, para ello cuentan con
el olor penetrante de su orina, que rociarán donde sea necesario
para que cualquiera que pase por ahí reconozca el inconfundible
olor y el mensaje. En realidad este hábito no se limita exclusivamente
a los machos, lo hacen también las hembras y los animales
castrados. Otra manera de dejar su huella es restregando la frente,
barbilla o cola en objetos o personas dentro del territorio. El
gato frota estas partes de su cuerpo específicamente porque
aquí se encuentran unas glándulas que despiden su
propio aroma. En este caso, se trata de un marcaje informativo,
más que de una forma de convencer al otro de que no es bienvenido.
MI BALCON, TU MURO. TERRITORIOS ADYACENTES
Así se distribuyen entre ellos los lugares porque el hecho
de que un gato domine un determinado territorio a nivel del piso,
no necesariamente significa que ese gato también sea amo
y rey de las bardas, tejados o árboles incluidos dentro del
terreno. Además, los gatos que comparten un determinado espacio
físico, como ocurre cuando varios gatos habitan una casa,
evitan a toda costa los continuos roces o conflictos estableciendo
derechos de paso o estancia en las áreas compartidas durante
los diferentes momentos del día. Existen para ello caminos
comunes que conducen a zonas comunitarias y utilizan un código
de circulación que básicamente consiste en la mutua
esquivación.
Otra técnica elusiva es fijar horarios. Los gatos poseen
un extraordinario sentido del paso del tiempo, cuando es necesario
establecen turnos entre sí para utilizar las áreas
más cotizadas que son motivo de conflicto: fijan posiciones
prioritarias según la hora del día. Así, un
gato que tiene el privilegio de asolearse en la mañana sobre
el tejado, sabe que tendrá que ceder su lugar a quien corresponda
cuando llegue el sol vespertino.
Cuando a pesar de esta planeación estratégica se
dan encuentros casuales que ponen en duda el status de uno u otro
gato, la situación se resuelve normalmente con un duelo de
miradas. Si hay zonas en blanco o que no les llama la atención
seguramente es porque ya tienen un dueño, de especie indeseada:
un perro, o bien porque son áreas comunes.
Para la defensa del territorio propio, bufidos, vocalizaciones
y miradas fulminantes forman parte del repertorio utilizado por
los gatos para evitar llegar al contacto físico. Aunque claro,
cuando esto no funciona, llegar a los rasguños y mordidas
es inevitable. Sin embargo, cabe mencionar que en los gatos domésticos
es más común que busquen llegar a un acuerdo y evitar
o desviar la violencia territorial, definitivamente son más
tolerantes que los gatos silvestres.
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