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La maroma del gato
(Segunda parte... )
La explicación tardó muchos siglos para llegar. No
fue sino hasta que un fisiólogo francés, Marey, usó
su cámara fotográfica para fotografiar el descenso
de unos gatos al saltar de una barda, y así descubrió
que los gatos hacían movimientos tan rápidos que el
ojo del observador no llegaba a ver. Marey, con imágenes
fotográficas de 60 imágenes por segundo, descubrió
que un gato arrojado de cabeza hacia un montón de paja daba
una vuelta hacia delante de 180° y después otra hacia
atrás también de 180° completando así
una maroma, pudiendo efectuar varias de ellas según su distancia
de caída. El resultado de la maroma o maromas es que aminora
la velocidad de la caída y además de restarle velocidad;
hace que el gato caiga sobre sus patas que pueden muellear el golpe
de contacto. Así, después de una caída desde
cinco pisos de altura, los gatos tienen una velocidad terminal de
96.540 kilómetros por hora, mientras que en el ser humano
es de 193,080 kilómetros por hora. El gato espera a llegar
a la velocidad terminal y entonces extiende sus miembros horizontalmente,
se relaja y ya no siente la aceleración de la gravedad, lo
que es muy favorable en la caída.
Antes de llegar a la velocidad terminal queda en posición
como si estuviera parado con el cuello extendido y la cola levantada;
pero al poseer la velocidad terminal los miembros anteriores y posteriores
quedan extendidos hacia atrás, con el cuello y la cabeza
en la misma posición extendida, la columna vertebral arqueada,
levantando el abdomen, y con la cola apuntando más o menos
hacia afuera como en el nivel de la cabeza. La relación que
lleva la Humanitaria de la ciudad de Nueva York de los casos de
gatos atendidos por caídas es impresionante; hasta se antoja
inverosímil: todos cayeron sobre asfalto, no sobre pasto
que aminoraría el efecto de la caída, sin embargo,
el 90% de ellos sobrevivieron y tuvieron muy pocos problemas físicos
a consecuencia del accidente. Los que cayeron desde una distancia
mayor de seis pisos tuvieron mayores posibilidades de sobrevivir
sólo el 5% de los gatos murieron- mientras que los
que cayeron desde una altura entre dos y seis pisos tuvieron una
mortandad del 10%. La sobrevivencia también depende del lugar
en donde caen, la velocidad del impacto, el peso del animal, los
parámetros de sus huesos, y de cómo pasa el impacto
por medio de las articulaciones y los huesos. El récord mundial
lo tiene una hembra llamada Sabrina, que cayó desde una altura
de 31 pisos: lo único que le ocurrió fue que se quebró
un diente y tuvo problemas ligeros en el pecho.
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