Inmunodeficiencia felina
El virus causante de esta enfermedad destruye poco a poco
a los linfocitos T -responsables de la inmunidad- del gato
infectado, disminuyendo de manera importante su capacidad
para responder ante otras enfermedades. Esta enfermedad puede
estar latente durante años, sin presentar signos clínicos
o desencadenarse del todo y, en cambio, es causa de infecciones
continuas y crónicas que incluso pueden llevar al animal
a la muerte.
Esta enfermedad, que ha sido equiparada con el SIDA en humanos,
provocado por el VIH -virus de inmunodeficiencia humana-,
afecta principalmente a los machos y se manifiesta casi siempre
después de los seis años de edad. Algunos gatos
infectados han sido utilizados en experimentos con el afán
de encontrar algún remedio contra el SIDA en humanos,
ya que los signos que provoca son muy semejantes a los síntomas
de esa enfermedad.
Transmisión. La principal vía es la
saliva; el virus también se contagia por heridas -principalmente
causadas en peleas territoriales- y coito con gatos infectados.
Signos clínicos que notarás. Los gatos
infectados con el virus de la inmunodeficiencia felina presentan
infecciones recurrentes prácticamente todo el tiempo,
pérdida de peso, fiebre, tumores de los nódulos
linfáticos y afecciones del sistema nervioso.
Diagnóstico. La enfermedad puede pasar inadvertida
por algún tiempo, pero en caso de que notes infecciones
recurrentes lleva a tu gato a un especialista para que tome
una muestra de sangre, haga un conteo celular y determine,
mediante una prueba específica -llamada ELISA- los
anticuerpos contra el virus de inmunodeficiencia felina.
Tratamiento a seguir. Esta es una enfermedad para
la que aún no hay cura y que, tarde o temprano, provoca
la muerte del gato infectado. Aunque existen terapias que
pueden prolongar su vida, suelen ser excesivamente caras.
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