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Era una vez un sacerdote que llego como misionero a una
comunidad a bautizar a todos los niños; cuando iba
de regreso a la ciudad se acerco un indígena con su
perro y le dijo:
Padrecito, padrecito, bautice a mi perro.
el padre contesto que los perros no se bautizaban el indígena
saco un billete de $100 y le dijo:
Si me lo bautiza le doy este billete
el padre contesta:
Tráelo pues, creí que el perro no era
católico.
Andrés Alonso Oseguera Velasco
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