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| CABALLOS/UNIDOS
POR EL CABALLO |
América, el Barroco y Turcos, unidos por el caballo
(Segunda parte...)
Lo que sí es evidente es que muchos caballos de origen español,
resultado de la cruza entre andaluces y beréberes estos
últimos de ascendencia árabe- , regresaron a su
estado salvaje en América septentrional y austral. Además
del mustang se originaron otras razas en América, como el
galicano de México, el criollo y sus parientes en Sudamérica:
el paso fino, de Colombia; el llanero, de Venezuela y el paso peruano,
entre otros.
EL CABALLO EN EL BARROCO
El esplendor del barroco contribuyó a la aparición
de un caballo que, aunque macizo y fuerte, aún conservaba
la elegancia original de estos animales. De cuerpo corto, cabeza
fina, perfil subconvexo, cuello largo y fuerte y grupa redondeada,
contaba además con poderosas extremidades de cascos pequeños.
De indiscutible origen berebere, fueron criados en Andalucía
durante el dominio árabe como resultado de la cruza de aquellos
con animales autóctonos.
Estos caballos llegaron hasta Portugal, donde dieron origen a la
castaña Alter-Real, que a su vez fue llevada hasta Nápoles
poblando la totalidad de las caballerizas reales. En algunas de
ellas fueron criadas razas propias a partir de caballos andaluces
y napolitanos: el frederiksborger en Dinamarca, muy apreciado por
su color o capa; el kladruber, de capa torda o negra, utilizado
para el enganche que habita actualmente Bohemia, en Checoslovaquia;
o el famoso lipizzano, de la región de Karts en la actual
Yugoslavia, Austria, Hungría y Rumania. Ejemplares de este
tipo de caballos también se encontraban en las caballerizas
reales de los ingleses, quienes se inclinaron por las carreras deportivas
y la cacería, las apuestas y el ejercicio. Por esto los británicos
seleccionaron animales veloces que dieron origen al caballo purasangre
inglés.
En esta época resurgió el arte ecuestre clásico
iniciado en la escuela del napolitano Grisone, cuya escuela, junto
con la de su sucesor Giovanni Pignatelli, fue la base para las academias
fundadas en toda Europa. Tres instructores destacaron notoriamente:
Antoine de Pluvinel de la Baume, William de Cavendish, duque de
Newcastle y Georg Engelhard, de Löhneysen. El más reconocido
fue Pluvinel, a quien se atribuye el rechazo de los métodos
brutales de adiestramiento de la escuela italiana y la elaboración
de un sistema de enseñanza basado en un trato humanitario,
que a grandes rasgos sigue siendo válido actualmente.
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