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| CABALLOS/NUESTRO
VIEJO AMIGO EL CABALLO |
¡Ah! Nuestro viejo amigo el caballo
(Segunda parte...)
MAHOMA Y EL CABALLO ARABE
Alrededor del año 600 a. C. nadie sabía de la importancia
que cobrarían los árabes, y mucho menos su raza equina.
Vivió en esos tiempos un comerciante de nombre Mahoma que
se dedicó a predicar el Islam a su pueblo. En su ciudad natal,
La Meca, Mahoma no encontró un campo fértil para el
florecimiento de sus enseñanzas, al grado que fue expulsado
junto con sus seguidores. Fue a refugiarse a Medina, en donde vivió
en constante pugna con sus compatriotas.
Durante su estancia en esta ciudad, Mahoma comprendió que
para lograr que la gente lo siguiera debía hacer uso de dos
aspectos fundamentales que más tarde le permitieran conquistar
y extender su dominio sobre la gente: el fervor religioso y la posesión
de caballos veloces.
Gracias a sus conocimientos sobre la crianza de esta especie logró
una nueva raza, distinta a todas las conocidas hasta entonces, que
contaba con aptitudes excepcionales. Según una leyenda, en
cierta ocasión, como parte de la selección de animales
aptos para la creación de esta nueva raza, ordenó
privar de agua a un grupo de caballos durante siete días.
Cuando pasado este tiempo los dejó en libertad Mahoma los
llamó antes de que hubieran alcanzado el depósito
de agua donde saciar su sed. De los siete animales, cinco yeguas
acudieron a su llamado antes de haber probado un sorbo de agua.
Se dice que todos los caballos árabes pura sangre descienden
de estas cinco yeguas. Mahoma, fijó las normas para la adecuada
crianza y adiestramiento de los caballos, preceptos que se encuentran
presenten en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes.
Al poco tiempo de la muerte de Mahoma, en el año 632, los
árabes estaban preparados para librar la Guerra Santa, a
la que habían sido convocados por su líder. En esta
empresa, la creación de la nueva raza de caballos les permitió
contar con animales más veloces y resistentes que los de
sus oponentes.
Debido a su vasta y profunda cultura y a la gran extensión
de su imperio, los árabes tuvieron una enorme influencia
no únicamente en las lenguas europeas, sino también
en las razas equinas, al grado que la sangre de sus caballos fluye
en prácticamente todas las razas reconocidas del mundo.
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